
¿Arar o no arar? Siembra directa frente al laboreo tradicional
14 de septiembre de 2026Octubre es uno de esos meses en los que el campo no espera. La campaña de cosecha de maíz ya está en marcha y las cosechadoras vuelven a ocupar parcelas y caminos durante largas jornadas de trabajo.
Después de meses preparando el terreno, sembrando, abonando y cuidando el cultivo, llega el momento en el que todo ese trabajo entra finalmente en la tolva. Y precisamente por eso merece la pena prestar atención a un aspecto que en ocasiones pasa desapercibido: el grano que se queda por el camino.
Una cosechadora mal regulada puede dejar grano en el suelo, romperlo durante la trilla o expulsarlo junto con los restos vegetales. Pequeñas pérdidas que pueden parecer insignificantes al mirar unos metros de parcela, pero que adquieren otra dimensión cuando se multiplican por decenas o cientos de hectáreas.
Por eso, durante la campaña no solo importa avanzar rápido. También importa cosechar bien.
Octubre y la campaña de cosecha de maíz
La campaña de este año ha comenzado antes en algunas zonas agrícolas de Castilla y León. Las condiciones meteorológicas han favorecido un adelanto de determinados cultivos, aunque las lluvias también pueden obligar a detener temporalmente las máquinas y esperar a que las condiciones vuelvan a ser adecuadas.
Es precisamente en este momento cuando agricultor, cultivo y máquina tienen que estar especialmente coordinados.
No todas las parcelas llegan a cosecha de la misma manera. Puede variar la humedad del grano, la altura de las plantas, el estado del tallo, la producción o incluso las condiciones dentro de una misma finca.
Por eso, utilizar exactamente la misma configuración de cosechadora durante toda la campaña no siempre es la mejor estrategia.
La humedad del maíz marca muchas decisiones
Uno de los parámetros más importantes durante la recolección del maíz es la humedad.
No existe una única cifra válida para todas las explotaciones. El momento de cosecha depende de la variedad, las condiciones meteorológicas, el destino del grano, su almacenamiento posterior y los costes asociados al secado.
Esperar permite que el cultivo continúe perdiendo humedad de manera natural, pero retrasar demasiado la cosecha también puede aumentar otros riesgos: encamado de las plantas, caída de mazorcas, cambios meteorológicos o pérdidas en el cabezal. Por el contrario, entrar demasiado pronto puede suponer trabajar con un grano más húmedo y aumentar posteriormente las necesidades de secado.
Aquí es donde la información empieza a ser tan importante como la propia potencia de la máquina. Los sistemas modernos de monitorización permiten conocer parámetros como rendimiento y humedad durante la cosecha, facilitando al operador la toma de decisiones mientras trabaja.
La clave está en encontrar el equilibrio entre esperar, entrar en la parcela y aprovechar correctamente cada jornada disponible.
La cosechadora no se regula una vez para toda la campaña
Cada cosechadora parte de una configuración recomendada por el fabricante para cada tipo de cultivo. Pero ese ajuste debe entenderse como un punto de partida. El estado real del cultivo obliga a observar y corregir.
La velocidad de avance, la alimentación de la máquina, el sistema de trilla, la separación, las cribas o la velocidad del ventilador influyen en el resultado final. Un ventilador demasiado alto puede expulsar grano junto con el material vegetal. Si trabaja demasiado bajo, puede empeorar la limpieza de la muestra.
Algo similar ocurre con el sistema de trilla. Una configuración demasiado agresiva puede aumentar la cantidad de grano partido, mientras que una regulación insuficiente puede dejar grano sin separar correctamente.
Por eso, una de las mejores herramientas durante la cosecha sigue siendo una de las más sencillas: parar, bajar de la máquina y mirar qué está pasando detrás de ella.
El suelo detrás de la cosechadora dice mucho
El monitor aporta una enorme cantidad de información, pero comprobar físicamente la parcela sigue siendo fundamental.
Después de realizar unas primeras pasadas conviene observar el terreno y localizar dónde se están produciendo las pérdidas.
Puede haber mazorcas que no hayan entrado correctamente en la máquina, granos desprendidos durante la alimentación o grano que haya atravesado todo el sistema y termine saliendo por la parte posterior de la cosechadora.
Identificar el lugar donde se produce la pérdida es importante porque no todos los problemas se solucionan modificando el mismo parámetro.
Si el grano está quedando delante o alrededor de la zona de entrada, habrá que revisar principalmente el trabajo del cabezal y la velocidad de avance. Si aparece detrás de la cosechadora, la atención deberá dirigirse hacia los sistemas de trilla, separación y limpieza.
Cambiar parámetros sin conocer primero el origen del problema puede incluso empeorar el resultado.
Más velocidad no siempre significa más productividad
Cuando la meteorología amenaza o quedan muchas hectáreas por recoger es fácil caer en la tentación de aumentar el ritmo. Pero avanzar más rápido no significa necesariamente cosechar más.
La cosechadora necesita mantener un flujo de alimentación adecuado. Cuando entra demasiado material en la máquina puede reducirse la calidad de separación, aumentar las pérdidas y empeorar la limpieza del grano. La productividad real no debería medirse únicamente en hectáreas por hora. Una campaña eficiente busca el equilibrio entre capacidad de trabajo, consumo, calidad del grano y pérdidas de cosecha.
En determinadas condiciones será posible trabajar a mayor velocidad. En otras habrá que reducirla. Incluso dentro de una misma parcela puede ser necesario modificar el ritmo según cambie el cultivo.
Una cosechadora bien mantenida también pierde menos grano
La regulación es importante, pero no puede compensar componentes desgastados o una máquina con mantenimiento pendiente.
Antes y durante la campaña conviene prestar atención al estado del sistema de alimentación, cadenas, correas, rodamientos, elementos de trilla, cóncavos, cribas y sistemas de transmisión.
El desgaste modifica progresivamente el comportamiento de la máquina.
Una correa con tensión incorrecta, un elemento de trilla deteriorado o una criba que no trabaja correctamente pueden reducir el rendimiento incluso aunque la configuración del monitor sea aparentemente correcta.
Por eso, el mantenimiento preventivo y la revisión diaria durante la campaña siguen siendo fundamentales.
En TractoRefactory disponemos de cosechadoras de ocasión revisadas y preparadas para afrontar campañas agrícolas exigentes, además de maquinaria y soluciones para diferentes labores del campo.
La tecnología ayuda a saber qué ocurre dentro de la máquina
Las cosechadoras modernas permiten controlar cada vez más parámetros desde la cabina.
Entre ellos pueden encontrarse el rendimiento instantáneo, la humedad del grano, las pérdidas, la superficie trabajada o diferentes configuraciones de la máquina.
En sistemas como Harvest Monitor de John Deere, los sensores permiten registrar durante la cosecha datos de rendimiento y humedad. Esta información ayuda a interpretar mejor el comportamiento de cada parcela y puede utilizarse posteriormente para analizar rendimientos y tomar decisiones para futuras campañas.
Pero incluso con toda esta tecnología, el operador sigue teniendo un papel fundamental.
Los sensores indican qué está ocurriendo. La experiencia permite entender por qué está ocurriendo.
Después de cosechar empieza la siguiente campaña
La salida de la cosechadora tampoco significa que el trabajo haya terminado.
Tras retirar el grano llega el momento de decidir qué hacer con los restos del cultivo y cómo preparar la parcela para la siguiente campaña. Una buena distribución del residuo facilita las labores posteriores y evitar concentraciones excesivas de material en determinadas zonas.
Dependiendo del sistema de manejo elegido, después pueden entrar en juego trabajos con rastras y gradas agrícolas, mínimo laboreo, siembra directa u otras formas de preparación del terreno. Aquí vuelve a aparecer una idea importante: cada labor afecta a la siguiente.
Una cosecha bien ejecutada facilita el trabajo posterior, igual que una correcta preparación del suelo ayudará a conseguir una mejor implantación del próximo cultivo.
Cosechar mejor también es rentabilidad
Cuando comienza la campaña, cada hora importa. Pero también importa cada kilo que conseguimos llevar hasta la tolva. No siempre hacen falta grandes cambios para mejorar el resultado.
Comprobar la humedad, observar el cultivo, revisar las pérdidas detrás de la máquina y modificar progresivamente los ajustes puede marcar una diferencia importante durante una campaña completa.
La tecnología permite controlar cada vez mejor lo que ocurre dentro de la cosechadora, pero sigue habiendo una regla que funciona campaña tras campaña: mirar el campo, escuchar la máquina y ajustar cuando las condiciones cambian.
Porque después de todo el trabajo realizado durante el año, el objetivo no debería ser únicamente terminar de cosechar. El objetivo es recoger la mayor parte posible de lo que el campo ha producido.
En TractoRefactory trabajamos con maquinaria agrícola revisada y preparada para volver al campo, desde cosechadoras hasta tractores, aperos y maquinaria especializada.
Si estás buscando maquinaria para esta campaña o quieres conocer las unidades disponibles actualmente, puedes consultar nuestro stock o contactar directamente con nuestro equipo.








